Performance Animal Spirit
Tras recibir una beca viajé a Nueva York a realizar un proyecto artístico y allí surgió “Animal Spirit”, que supuso un punto de inflexión en mi modus operandi artístico.
De manera instintiva me interesé por los Nativos Americanos, algo dentro de mí me decía que tenía que ir a las raíces de este sitio y comencé a investigar profundamente a estos primeros habitantes del territorio,
“The lords of the land”, los verdaderos señores de la tierra.
Fue una investigación de índole antropológica; aprendí dónde y cómo vivían, sus hábitos y costumbres, su profundo respeto por la naturaleza, sus ritos y tradiciones y su manera de funcionar siempre dedicada al bien de la gente de la tribu.
Además, este estilo de vida estaba inseparablemente ligado a las creencias espirituales, que eran una interpretación de los elementos naturales que los rodeaban, alimentados por sueños y visiones considerados mensajes de los dioses.
Entre estas creencias espirituales me sentí absolutamente fascinada por los rituales chamanísticos que ellos organizaban, y más concretamente por el ritual de Animal Spirit para invocar a su animal interior con la finalidad de conseguir la energía y la fuerza de ese animal totémico.
Pasé muchos momentos en los lugares que ellos habían utilizado para sus rituales, localizaciones naturales con un fuerte magnetismo energético, y allí me sentaba a meditar, a escuchar lo que la tierra me quería decir.
Durante estos paseos recolectaba plumas de aves que veía por el monte, muchas de ellas de águila. Según fue avanzando mi proceso creativo, veía cada vez más claro cuál era mi espíritu animal: señales en mi camino, sueños,
textos que me llegaban de manera fortuita, canciones…yo no elegí a mi Animal Spirit, el águila me eligió a mí.
Para esta performance realicé una video-creación en donde cuento esta ensoñación, ese encuentro que tengo con los Nativos Americanos y que me lleva a descubrir a mi animal totémico. Además, para conseguir el entorno que a mí me interesaba generé una instalación de tela elástica transparente,
un habitáculo que me permitía establecer un cordón umbilical entre el interior y el exterior; situarme dentro y poder observar lo que ocurría en el exterior y a su vez, el público desde fuera podía ver lo que sucedía dentro de este espacio.
La suavidad del tejido de este habitáculo evoca una piel, realmente funciona como una segunda piel que ofrece conexiones con el útero materno. Simbólicamente es un útero, pero también es un nido. Comienzo en el interior de este nido, tumbada, caracterizada con las plumas que había encontrado en mis paseos,
preparada para el ritual Nativo Americano. Poco a poco me voy incorporando y empiezo a percibir qué es lo más inmediato que tengo en mi entorno, y se trata de esta membrana, de este mundo uterino. Lo toco, lo palpo, lo pulso y me doy cuenta que hay algo más ahí fuera.
Un corte en el sonido, una ruptura musical, es la llamada para salir al exterior. De alguna manera es un salto al vacío, un nacimiento a nivel simbólico personal. Un músico comienza a tocar en directo el birimbao,
instrumento africano que marca los movimientos de la danza tribal que realizo entre el público mientras soplo a través de las plumas de mis dedos, tal y como hacían los nativos como ritual de sanación.
Gracias a esta performance tuve un encuentro real con mi Animal Spirit. La fuerza que yo sentí cuando estaba haciendo la danza entre la gente y la energía que se respiraba en el ambiente fue algo impresionante. No solo fue una conexión con mi interior,
sino que el intercambio de comunicación con el público generó un enriquecimiento mutuo muy importante.